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Ambientación

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Tema Único Ambientación

Mensaje por Luka Crosszeria el 18.06.13 20:19

Con una pesadez extraordinaria la maza sobrevolaba el brazo del rabioso orco que la empuñaba con agitación. En el centro del cuadrilátero, al hombre caído no le restaba otra elección más que dejar su vida en manos de la decisión pública, cuyos ojos no parpadeaban para no perder una sola gota de sangre que ensuciase la Arena. El emperador del Coliseo, el Rey de los Humanos, cuyos dominios se extendían desde Lorwyn hasta la tierra árida, detenía las palmas frente a su cuerpo para calmar a la audiencia como si se pudiese de detener el oleaje. En completa calma, como si la sangrienta lucha tuviese un significado mundano observó al abatido guerrero de su raza por el rabillo del ojo, repudiando su vergonzosa actuación. Los clamores de la audiencia por sangre estremecían la arena, siempre era un revuelo ver combatir a su campeón y abatir rivales cuales cuerpos despojados de esperanza. Cuando el ruido alcanzó su tope y el emperador, empuñando su mano derecha la dirigió hacia el pródigo, se hizo un silencio lúgubre, y a la vez que su real pulgar señaló la tierra el clamor de los sádicos nuevamente se hizo escuchar. El orco, el campeón, bajando la mirada contempló a su adversario dejándole claro que su destino había sido ya pronosticado. En los ojos ensangrentados del hombre que yacía bajo el pie de la bestia un último rayo de vida concurrió fugazmente sus ojos al cruzar con los de su verdugo, antes de que, sin aviso alguno o siquiera algún dejo de remordimiento,  la maza cayese brutalmente contra la sien del maltrecho reventando su cráneo y estancándose en algún lugar de su sien.
El público se levantaba y enaltecía al vencedor cual Dios de la Muerte, tirando pétalos de rosas a sus pies y gritando su nombre desde lo más profundo de sus pulmones. Quién habría pensado en lo mucho que cambiaría el mundo después de seiscientos años…

En la antigüedad, cuando el carbón aún no se conocía ni mucho menos el acero comenzaba a forjarse, existían dos razas que lograban convivir de manera armoniosa, pese a la diferencia de costumbres y la clara distinción de poderes sobrenaturales. Humanos y Demonios habían convivido juntos desde el principio de los tiempos, no se sabe con certeza que fue primero en la tierra, lo cierto es que, en aquéllos tiempos, erase una paz difícil de creer posible ahora…
Si bien ambas razas habitaban juntas fueron los Humanos los primeros en murmurar a espaldas de los Demonios, susurrando en la oscuridad remarcando que sus poderes podrían en algún momento tornarse en contra de los Humanos y causar su destrucción – pese a que hasta ese momento nunca se había usado poder alguno en ejercer mal. Increíble por cuanto pueda oírse no fue culpa de los Demonios el distanciamiento, sino el pecado Humano del recelo y el chisme. Al poco tiempo se acrecentaron los rumores, y, en la usanza de falsos argumentos, los Humanos fueron poco a poco desplazando sus viviendas de la pacifica villa donde habitaban junto a los Demonios hasta desligarse de ellos y tener una aldea propia.

Algunas familias formadas por Demonios y Humanos al presentir ésta separación partieron por su propia cuenta en dirección a otros territorios. Unos fueron hacia las regiones más calientes del norte y otros buscaron más quietud al sur de la tierra. Prontamente, al darse cuenta los Demonios de la causa de ésta separación entraron en cólera por la traición Humana, consagrando la tierra con el nombre Hellhound, pues se estableció un régimen que sancionaba a muerte a cualquier Humano que osase poner un pie en la delimitación de sus tierras y quienes aún habitaban los dominios fueron masacrados y cazados a muerte por los Demonios cuales perros salvajes, pues habíase considerado el contaminar la estirpe el involucrarse con humanos. Gran parte de las familias exiliadas que alcanzaron a escapar se aposentaron en un bosque lejano donde erigieron allí su albergue.

Junto al paso del tiempo el odio entre Humanos y Demonios se acrecentó, debido mayormente a las cacerías furtivas que se realizaban en la tierra media que separaba ambas villas. Los Humanos erigieron una fortaleza maciza de piedra y llamaron a su pueblo Lorwyn, en honor al cazador de Demonios más renombrado entre los Humanos, Wyvern.

Al sur, para sobrellevar la dificultad de cazar debido al clima helado e inhóspito los colonizadores haciendo uso de sus poderes transmutaban sus cuerpos para adoptar formas animalescas. Se autoproclamaron como el clan Lycaon, al pensar en los lobos árticos como sus salvadores, al aprender de ellos como cazar en la nieve y prevalecer así en la tierra congelada. Debido a aquello es que normalmente adoptaban forma de lobo, aunque realmente pudiesen transmutar su cuerpo en cualquier clase de animal de tamaño mediano. Al emigrar al sur tan pocos colonos las relaciones para preservar el linaje se cometían dentro de la misma familia, por lo que el rasgo de transmutar forma fue el más preservado entre los herederos del gen demoníaco.

Al otro lado de la tierra, mucho más al norte de donde cualquier viajero había transitado antes, se establecieron los Zendikar, la tierra allí era árida e infértil, el alimento escaso y el hambre fuerte.  Se debió de aprovechar al máximo cada pieza de los animales cazados. Muchas de las vestimentas estaban cosidas de finas pieles, pero lo que destacó a ésta raza fue que bebían la sangre de sus cazas para conservar una buena cantidad de la propia, puesto que apenas y encontraban agua aquélla era la única manera regenerar las células de su propia sangre, así nacieron los conocidos vampiros en quienes el rasgo Humano distintivo fue el que prevaleció en la pequeña colonia de la montaña.
Inmersos en las entrañas del bosque, lejos de toda ramificación de la guerra, se establecieron los Naya. Criaturas que por haber huido de Hellhound en gran grupo pudieron conservar sus atributos Humanos y Demoniacos de forma balanceada. Fue fácil establecerse pues la tierra era fértil y generosa, le llamaron Vashj’Ir que en lenguaje antiguo significaba “Nuevo Hogar”. Hogar era en efecto, y tanto así esta clase elfica agradeció inmensamente el abrigo del bosque que incluso llegaron a convivir con las bestias salvajes de manera armoniosa, al grado de considerar una herejía el intentar domarles o cazar de sobremanera, destacando mayormente en la agricultura.

Mucho tiempo transcurrió, casi trescientos años más tarde de que todas las razas se hubiesen establecido. La situación entre Lorwyn y Hellhound estalló provocando el estremecimiento de la tierra misma. En todo ese tiempo reunieron cantidades inmensas de tropas, por un lado los Demonios manejaban vastos poderes por lo que creían tener la victoria asegurada, más los Humanos equiparaban a sus oponentes en estrategias de guerra y uso de armamento y armaduría, que en aquél tiempo era obra del mejor forjador y herrero de todos los tiempo, Mirrodin. El combate no se hizo esperar; la sangre se derramaba como el sol derramaba sus rayos sobre el campo al amanecer entre las montañas. La tierra media tardó menos en convertirse en un camposanto que la luna en aparecer en medio creciente. Día a día eran hordas y hordas las que se batían a muerte. Tantas batallas se libraron que debían moverse a menudo a causa de que cada una de las zonas habíase convertido en un mar de cadáveres.
Pronto la guerra alcanzó a los Nayas quienes sostuvieron por los Humanos en su afán de derrocar Hellhound, sin saber realmente que la causa de ser exiliados había sido realmente el pecado de sus supuestos camaradas.
Al ver tal destrucción en el centro de la tierra, sur y norte debieron adoptar también posiciones propias, así pues, los Zendikars se aliaron también a los Humanos y los Lycaons formaron parte del bando oscuro pues la sangre tiraba más fuerte que la razón. Sin embargo, luego de cien largos años, se hizo imposible para la Alianza Humana el poder resistir más arremetidas del rival, puesto que el poder oscuro era más fuerte en ellos y la mayoría de los señores del norte y los bosques habían perdido el uso de sus poderes a través de las generaciones a causa de mezclar su sangre con la humana. Una vez atrincherados en Lorway, los humanos clamaban al cielo socorro, maldiciendo su propia estirpe a causa de su debilidad de su sangre.

Entonces se dice que, Demonios y Humanos, amigos y enemigos por igual contemplaron al  cielo nebuloso de aquél día abriéndose de par en par, dejando traspasar a los rayos del sol tan encima de los hombres que todos fueron enceguecidos por varios largos segundos. Se relata que bajaron del cielo tropas celestiales tanto o más ostentosas que las demoniacas y con su poder de luz abatieron fácilmente a los Demonios a pesar de su limitado número. Ángeles eran de hecho, de tierras tan altas que sobrevolaban las nubes, desde donde podían ver todos los pecados de las ovejas. Sin tomar postura alguna con la llegada de éstas criaturas la guerra se tranquilizó. Las alianzas se quebrantaron al darse cuenta que la paz parecía ser restaurada.

No podría decirse realmente quien peleaba por la justicia, lo único correcto es que la guerra no debía ser la solución a las cosas. Los Demonios se sensibilizaron pero no del todo, pues consideraban que no eran ellos los causantes reales de tantas muertes; abandonaron la guerra y crearon un pacto con los Humanos para nunca más protagonizar algo parecido. Sin embargo los Humanos, pese a firmar el contrato por la presencia de los Ángeles no correspondieron éstos sentimientos. Por el reino se corrió la voz de que los Ángeles en realidad estaban de su lado, y sancionarían fuertemente a los Demonios de volver a atacar, de cierta forma los Humanos fortalecieron su actitud arrogante al ser salvados a último momento, y se escudaban detrás de los Ángeles de la manera más baja que pudiese haber.
Aún siendo mentira aquéllas falsas profecías, se mantuvo estoica la idea de que realmente los Humanos habían sido los buenos por ganar, los justos, aquéllos que tenían la razón, y por eso es que aún hasta los días presentes los Demonios son mirados por sobre el hombro con desprecio, más todavía cuando alguien pronuncia a los “sangre pura”, pues se les acusa de ser la peor calaña por haber iniciado todos los disturbios.
 

En el presente, pese a que la sangre intenta mantenerse pulcra entre las diferentes legiones, existen demasiados lugares para que interactúen como para mantener una línea fija de sangre. Los reinos se han convertido en monarquías que son lideradas por las figuras más fuertes y sabias entre las distintas estirpes. Por su parte, los Humanos en su sed de levantar nuevamente la guerra y exterminar de una vez por todas a los Demonios – suponiendo fervientemente que serían nuevamente rescatados, han creado una especie inusual de entretenimiento para los comerciantes de la tierra media; un juego de masacre, que de cierta forma al erigirse sobre la tierra santa donde la guerra se había llevado a cabo la representaba a cabalidad: Una arena inmensa se levantaba ostentosa hacia el cielo como invitando a los Ángeles que no hubiesen descendido a observar como, los peleadores de diferentes estirpes se abatían golpe a golpe hasta hacer caer al otro, a veces llegando hasta la muerte si así lo pedía la multitud. Este tipo de combate; repudiado por unos pocos, cautivaba a la mayor parte de la plebe como entretenimiento pues con el pasar de las décadas poco podían relacionarlo con los enfrentamientos pasados. Aún así, la verdadera intención del Senado Humano era crear ese recelo por las otras razas dentro de las paredes solidas del coliseo, con intención de probar a todos los reinos cual sería la raza más apta para gobernar sobre las demás…

Después de casi un medio milenio, una nueva guerra parece avecinarse… Y tú, a que bando apoyarás?

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